Tema 26: Los peligros en la vía
Índice de contenido
- 1. La actitud preventiva y la responsabilidad del conductor
- 2. El estado físico y la estabilidad emocional
- 3. Conducción con sol de frente, viento lateral, humo y polvo
- 4. Conducción con lluvia intensa, neblina e inundaciones
- 5. Conducción en curvas y conceptos físicos
- 6. Lugares de alto riesgo y obstáculos en el camino
- 7. Los riesgos en espacios urbanos y poblados
- 8. Peligros específicos en carreteras rurales

1. La actitud preventiva y la responsabilidad del conductor

Conducir de manera segura depende principalmente de su actitud, sus conocimientos y las estrategias de seguridad que aplique antes y durante el viaje.
Mantener una actitud preventiva es clave. Esto implica estar siempre atento a los demás en la carretera, manejar a una velocidad adecuada y evitar cualquier tipo de distracción.
Reconocer que estar al volante conlleva una enorme responsabilidad es el primer paso indispensable para prevenir accidentes de tránsito y sus graves consecuencias.
Cualquiera que sea su motivación para manejar, nunca debe olvidar que esta actividad requiere la concentración de múltiples habilidades físicas, técnicas y emocionales funcionando en conjunto y en perfecta armonía.
2. El estado físico y la estabilidad emocional

Estar bien físicamente es fundamental para la seguridad vial. Padecer problemas de salud puede aumentar drásticamente el riesgo de sufrir un percance en la carretera.
Condiciones crónicas como la diabetes, los problemas cardíacos o musculares, e incluso una simple gripe en mal momento, pueden mermar sus capacidades y convertirlo en un conductor riesgoso.
Por otro lado, la estabilidad emocional juega un papel igual de crítico. El cerebro realiza millones de operaciones en segundos para poder reaccionar, por lo que necesita mantener la calma.
Factores psicológicos alterados como el estrés, la ira profunda, o incluso la euforia extrema por un buen momento, pueden robarle la concentración y ser el detonante de un siniestro fatal.
3. Conducción con sol de frente, viento lateral, humo y polvo

- Sol de frente: cuando el sol se encuentra a baja altura (amanecer o atardecer) puede encandilar al conductor y reducir su campo visual. Se aconseja disminuir la velocidad, mantener limpio el parabrisas y utilizar parasoles o gafas oscuras para filtrar el reflejo. La visera del vehículo no debe cubrir el área de barrido de las escobillas.
- Viento lateral: las ráfagas fuertes desplazan el vehículo de su trayectoria. Sujete el volante con firmeza, reduzca la velocidad y, si va a adelantar o ser adelantado por vehículos de gran tamaño, anticipe la “turbulencia” al cruzarse y mantenga la dirección con pequeños movimientos. Los motociclistas deben circular siempre con las luces encendidas para ser visibles.
- Humo y polvo: las nubes de humo por incendios o de polvo por remolinos de viento reducen la visibilidad y pueden irritar los ojos. Active la ventilación en modo recirculación, cierre las ventanas, encienda las luces de cruce y disminuya la velocidad. Si la visibilidad es nula, deténgase fuera de la calzada con las luces de emergencia encendidas.
4. Conducción con lluvia intensa, neblina e inundaciones

- Lluvia intensa y neblina: la lluvia, la neblina y el oscurecimiento del cielo reducen la capacidad visual de conductores y peatones. Por ello, encienda siempre las luces de cruce aun durante el día y mantenga las intermitentes únicamente en caso de emergencia; no utilice luces altas porque encandilan a otros usuarios. Reduzca la velocidad y aumente la distancia con el vehículo que circula delante. Utilice el desempañador y escobillas en buen estado para conservar un parabrisas limpio y, si es necesario, haga una pausa hasta que las condiciones mejoren.
- Hidroplaneo (aquaplaning): se produce cuando se forman charcos y las llantas dejan de tener contacto con el pavimento, lo que puede desviar la dirección y provocar derrapes. Para evitarlo, reduzca la velocidad al aproximarse a agua acumulada, mantenga los neumáticos con la presión adecuada y evite maniobras bruscas. Si el vehículo pierde adherencia, sujete el volante con firmeza, suelte ligeramente el acelerador y no frene bruscamente hasta recuperar el control.
- Inundaciones: no atraviese zonas donde el nivel de agua supere la mitad de las llantas. Avance lentamente en primera velocidad para evitar que el agua ingrese al motor; tras cruzar, pise suavemente el pedal del freno varias veces para secar las pastillas. Si la corriente es fuerte o el agua alcanza los estribos del vehículo, no continúe.
5. Conducción en curvas y conceptos físicos
Peralte y fuerza centrífuga
En las curvas, una elevación o sobre‑elevación del borde exterior, el peralte, contrarresta parcialmente la fuerza centrífuga, que tiende a sacar al vehículo de la trayectoria.
La normativa dice que el peralte solo contrarresta la fuerza centrífuga, no la elimina; por ello, siempre se debe disminuir la velocidad antes de ingresar a una curva y volver a acelerar una vez en ella.
Si la curva no tiene peralte, reduzca todavía más la velocidad, pues la tendencia a salir de la vía será mayor.
Cómo afrontar curvas peligrosas
identifique con antelación la curvatura de la vía, mantenga su carril y no adelante dentro de la curva.
Suelte el acelerador y frene suavemente antes de entrar para que el peso del vehículo se desplace hacia las ruedas delanteras, aumentando su adherencia.
En curvas de doble sentido, active las luces bajas y, en condiciones de lluvia o neblina, siga las marcas de la calzada.
Mantenga las manos en posición de “nueve y quince” sobre el volante y esté preparado para corregir la dirección si siente que la fuerza centrífuga empuja el vehículo hacia fuera de la curva.
6. Lugares de alto riesgo y obstáculos en el camino
Existen ciertos lugares en la infraestructura vial que son intrínsecamente más peligrosos y propensos a causar accidentes graves.
Zonas como las curvas cerradas, los puentes, los túneles, las pendientes pronunciadas y las áreas con trabajos de reparación exigen que el conductor reduzca su velocidad y aumente su nivel de alerta.
Además de la geometría de la vía, el camino suele ser altamente impredecible, por lo que proyectar la mirada es esencial para la prevención.
Debe prestar máxima atención a la posible aparición repentina de huecos profundos, baches, objetos caídos de otros vehículos, rocas grandes o ramas de árboles en medio de su carril de circulación.
7. Los riesgos en espacios urbanos y poblados
Al circular por las calles de centros urbanos o zonas residenciales densamente pobladas, las dinámicas cambian y los peligros se multiplican por la gran cantidad de usuarios compartiendo el espacio.
En estos entornos, es una regla de oro reducir significativamente la velocidad y mantener una atención constante sobre su entorno inmediato.
Debe estar particularmente alerta ante la presencia de los usuarios más vulnerables del sistema vial, prestando un enorme respeto y cuidado hacia los ciclistas y los peatones.
Hay que tener extremo cuidado con las personas menores de edad (niños), ya que debido a su naturaleza impredecible, pueden aparecer repentinamente en la vía, corriendo hacia la calle sin previo aviso.
8. Peligros específicos en carreteras rurales
Fuera de las grandes ciudades y áreas urbanizadas, las carreteras rurales presentan un conjunto de riesgos totalmente distintos que requieren una conducción muy precavida.
En estas zonas menos pobladas, es sumamente común la presencia de peatones y ciclistas caminando por el borde de la vía, muchas veces en lugares estrechos que carecen de aceras protectoras o de buena iluminación nocturna.
Asimismo, uno de los mayores y más letales peligros en las rutas de campo o montaña es el cruce inesperado de animales sobre la calzada.
El conductor debe estar siempre vigilante para reaccionar a tiempo y evitar colisionar violentamente contra animales de granja (como vacas o caballos) e incluso con fauna silvestre que pueda saltar repentinamente a la carretera desde la vegetación.